Este folleto manicomial no merece mayor comentario.
Que perdonen ellos
Noviembre 24, 2008El obispo epónimo de este blog no tiene desperdicio. En estas fechas en que se desploma toda la economía del cemento, él aporta, para nuestra salvación corporal y espiritual, el bloque de cemento más duro fraguado en España desde los tiempos del Caudillo: su propia cara.
Porque hay que tener rostro, y de cemento, para decir lo que dice en este titular. Quizá lo que tiene es santa desvergüenza, como gustaba de decir Monseñor Escrivá de Balaguer, al que tanto debe. Cuarenta años soportando los dolores de cabeza de estos enfermos mentales, y todavía tenemos que seguir oyendo sus desvergüenzas.
Pero lo que más indigna es que el cardenal diga cosas como
No son pocos los que manifiestan una justificada inquietud ante el peligro de un deterioro de la convivencia serena y reconciliada, que hemos logrado ya en nuestra sociedad
¿Será posible? ¿El ex-cabecilla de la Conferencia Episcopal, que mantiene ese nuevo Der Stürmer llamado COPE, manifestando inquietud por el deterioro de la convivencia? ¡Ay de vosotros, fariseos hipócritas! Pero, ¿por qué perder tiempo cuando Otro os ha descrito mejor que yo?
¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!, porque edificáis los sepulcros de los profetas y adornáis los monumentos de los justos, y decís: “Si nosotros hubiéramos vivido en los días de nuestros padres, no hubiéramos sido sus cómplices en derramar la sangre de los profetas. Así que dais testimonio en contra de vosotros mismos, que sois hijos de los que asesinaron a los profetas. Llenad, pues, la medida de la culpa de vuestros padres. ¡Serpientes! ¡Camada de víboras! ¿Cómo escaparéis del juicio del infierno? Por tanto, mirad, yo os envío profetas, sabios y escribas: de ellos, a unos los mataréis y crucificaréis, y a otros los azotaréis en vuestras sinagogas y los perseguiréis de ciudad en ciudad, para que recaiga sobre vosotros la culpa de toda la sangre justa derramada sobre la tierra, desde la sangre del justo Abel hasta la sangre de Zacarías, hijo de Berequías, a quien asesinasteis entre el templo y el altar. En verdad os digo que todo esto vendrá sobre esta generación (Mt 23:29-36).
Cámbiese profeta por represaliado, por ejemplo, y sírvase con agua bendita.
Escrito por roucomania
Escrito por roucomania