Sobre la apostasía

Marzo 21, 2008

En la edición digital del diario La Verdad aparece esta curiosa carta al director  motivada, a lo que se entiende, por una manifestación de apóstatas ante el obispado de Murcia. Como puede ocurrir que el Maligno (que siempre está al acecho y trabaja sin descanso, como indica la corresponsal) haga desaparecer este curioso testimonio de las movedizas ediciones digitales, no podemos evitar reproducir el texto completo:

Escribo a los manifestantes que se concentraron enfrente del Obispado.

Queridos hermanos murcianos: me atrevo, desde mi humilde saber de cristiana, a deciros que la apostasía que queréis no puede dárosla la Iglesia. Puesto que el Sacramento del Bautismo es un sello que no se borra hasta la muerte, al igual que el Orden Sacerdotal.

No sé como habéis llegado a esta situación de volverle al espalda a Dios. Pensad que a Dios no le hacemos falta, sin embargo a nosotros nos hace falta Dios.

Ya se que el demonio trabaja mucho y bien; es su oficio, apartarnos de Dios. En estos días estará muy contento y como Dios le dio poder en este mundo, no en el cielo claro está, allí ya no tendremos que luchar contra él.

Josefa Ruiz Soriano

Dejando de lado la profunda cuestión teológica de si el sacramento del Bautismo imprime carácter más allá de la muerte (técnicamente, un carácter es un accidente estable del alma, que es inmortal, ergo…), hay que corregir a esta buena señora, que, henchida sin duda de buena fe, yerra doctrinalmente de forma aberrante. Como suele ocurrir, el fanatismo y la ignorancia van siempre de la mano.

Querida Josefa: la apostasía que piden estos manifestantes es, precisamente, la que la Iglesia puede darles, pero no le da la gana de dar. Los apóstatas de Murcia, y de toda España, no piden que se borre el efecto indeleble de un sacramento que imprime carácter. Eso no puede hacerlo ni la Iglesia, ni Rouco, ni el Papa: sencillamente, es imposible, como cualquier conocedor del Catecismo sabe. Pero una cosa es conocer, y otra entender; y aquí es donde se ve que no entendéis nada. Lo que se pide es que se cumpla la ley (la Ley Orgánica de Protección de Datos, para ser exactos) y que los nombres y datos personales de los bautizados sean eliminados de los registros de la Iglesia Católica, que está tan sujeta a la ley temporal como cualquier otra organización, banda armada o Sociedad Anónima, pese lo que pese a los roucos y demás familia, acostumbrados a que suyo sea el país, sobre todo para cobrar los conciertos del derecho a elegir.

Anular el efecto del Bautismo es algo que estos señores no piden, amiga Josefa, y tu Iglesia no puede dar, porque saltarse todas las leyes temporales como tiene por costumbre no da derecho a estuprar la Teología. Sí puede borrarnos de sus archivos, si le da la gana, que es lo que no les está dando a los secuaces de la Conferencia Episcopal. La restitución al estado de pecado original previa al Bautismo les preocupa tanto a los apóstatas murcianos como lo que tú opinas o como las maquinaciones del diablo en las que crees con una fe digna de mejor causa.

En todo caso, si quisieras practicar el borrado, con lo que quizá adquirieses algo de la lucidez que el permanente congreso con tus directores espirituales parece erosionar, el rito preciso no es ejercer el derecho de revocación, ni invocar la sacrosanta LOPD. El ritual ya se inventó (o, más bien, resucitó) en tiempos de Juliano el Apóstata (siglo IV d.C.), y del él derivan nuestras actuales salvajadas conocidas como corridas de toros. Se llama taurobolio y la receta es como sigue: se descerraja un toro sobre una zanja en la que los neófitos reciben un baño de su sangre, que los purifica del nefasto efecto del rito bautismal. Eso es apostasía con fundamento, y no el simple ejercicio de un derecho que la Iglesia Española, como en tantas otras cosas, se empeña en denegar basándose en trampas saduceas y en que se encuentra por encima de la Ley.

¿Te queda claro, Josefa? Por si acaso, puedes ver la luz en la Wikipedia, y observar, además, que el Bautismo y la Confirmación ya estaban inventados con mucha precisión antes de aparecer la Estrella de Belén. Sólo que eran más lucidos y caros, aunque quizá no tanto como los bautismos más encopetados de Pozuelo de Alarcón o Cartagena, por citar lugares emblemáticos del nuevo mitraísmo católico español.