En la misión de Roucomanía, un objetivo capital es recordar que determinadas cosas siguen existiendo. Aquí traemos uno de estos residuos: la Asociación de Propagandistas Católicos.
Sí, existe. Es lo que parece. Y conserva ese nombre absurdo, propio de la época en que se creó, junto con todos los absurdos de la época en que fue creada. Numerosos ministros de Franco estuvieron vinculados a este baluarte del nacionalcatolicismo. Bien, ahí sigue, para que el personal reflexione.
Si empleáramos los métodos de la cadena emblemática, tan caritativos y racionales, tendríamos carnaza fácil en el actual presidente, cuyo nombre parece una broma: Alfredo Dagnino Guerra. Que en las emisoras del lobby leen cuidadosamente como “dag-nino”, evitando la pronunciación genuina de un apellido que da mucho que pensar. ¡Qué juegos de palabras y alusiones perversas no haría Federico, o incluso los meapilas de Radio María, si una de sus bestias negras estuviese adornada con tan estrambóticos apellidos! Puede verse, además, en la foto que el señor Dagnino, aun seglar y laico como el que más, tiene un aspecto clerical indeleble. Bien, este es el tipo de argumento que hace las delicias de los oyentes de la COPE. No lo explotaremos: ellos mismos dan risa con sus actividades, sin que haga falta cebarnos en sus linajes o sus fachas.
Por desgracia, hay una fatalidad en los nombres. Obsérvese la lista de gloriosos predecesores de este santo varón en esta página. ¿Qué llama la atención? Primero, la cantidad de apellidos compuestos; segundo, algunos sonoros, con resonancias franquistas. ¿Qué prueba esto? Nada: son solamente observaciones, puesto que la vinculación de la ACdP con el fascismo tiene que ser escasa. Lo dice el propio Dagnino:
La Asociación Católica de Propagandistas dice que el laicismo del PSOE y el nazismo tienen “similares raíces”.
¿Será posible tener semejante rostro? Presidiendo una asociación que colaboró con el régimen de Franco y nutrió sus filas sin sonrojo, este personaje se atreve a hablar de las raíces del nazismo. Sin duda, hace honor a sus apellidos y al linaje de santos varones que lo precede en su silla.